El se sentó en la mesa, aún dentro de ella, rodeado por sus piernas, estuvieron unidos besándose al ritmo del leve compás de sus caderas; lentamente la fue tumbando hasta que su espalda tocó la fría piedra, lo que hizo que se arqueara; momento que aprovechó él para lamer y mordisquear sus pezones;sutilmente había conseguido colocarse ahora encima de ella, postura en la que también había soñado con ver sus ojos.
Tomó una de sus piernas y sin dejar de moverse lamió el tacón de la bota sin dejar de mirarla a los ojos; nuevamente el delirio, mientras acariciaba su clítoris al ritmo del extasiado vaivén ante otra de las imágenes perfectas que se estaban sucediendo aquel día. Ya estaba fuera de si. Y quería más. Mucho más. Estaba cumpliendo una fantasía, más bien su fantasía con mayúsculas, y no iba a desperdiciarla.
Buscó sobre la mesa las bolas chinas; mientras el seguía penetrándola, las lamió lascivamente,y con un pequeño movimiento de cadera se quedó sentada frente a él con las piernas abiertas y dobladas. Vio en su rostro reflejado una expresión de ilusión extrema que le llamó la atención, la cual enseguida se tornó en lujuria al ver como se metía las bolas en el coño mientras se chupaba un dedo como una niña buena, y acto seguido se colocaba a cuatro patas ofreciéndole su culo. Un gemido de excitación se escapó de la garganta de él ante tal ofrecimiento, al igual que se le escapó a ella cuando sintió su lengua lubricando la zona. Un nuevo orgasmo recorrió su cuerpo cuando sintió como la penetraba lentamente hasta llenarla; como las bolas chocaban entre ellas con sus movimientos, cada vez más acelerados, y acompañados por ligeros azotes que le hicieron correrse por enésima vez llenando la iglesia con sus gritos.
Sin dejar de penetrarla, sacó las bolas de su coño y las cambió por su polla; la volteó volviendo a dejar su espalda sobre la fría piedra; ella también quería volver a mirarle a los ojos. Sus fuertes brazos elevaron su pelvis hasta su boca, dejando su cuerpo formando un ángulo de 45 grados; su lengua ejerció como refrescante del fragor de la batalla en un principio, pero acabó provocándole un nuevo orgasmo; sin darle tregua, utilizó su relajación muscular de después para meterle nuevamente las bolas, esta vez por detrás ocupando el espacio que acababa de dejar su polla, y volver a penetrarla con fuerza a la vez que le mordia los pezones para dejar la ternura a un lado y convertirse en los seres tremendamente cachondos que eran en ese momento. Sus ojos se habían transformado en los de un animal en celo fuera de si que busca satisfacer sus instintos; ella quería que lo hiciera, que la marcara por dentro y por fuera como si se tratara de una vulgar zorra; quería sentir su semen en su boca, en sus tetas, en su culo, en su coño; empezó a gemir como una perra cuando sintió como aceleraba su ritmo en las embestidas; volvió a soprenderla cuando eligió eyacular sobre sus tetas; le encantaba sentir el semen caliente resbalando por sus pezones y extenderlo sobre su pecho.
Se quedó tumbada sobre la mesa del altar. Acababa de tener una decena de orgasmos con un hombre cuyo nombre seguía desconociendo. El se acercó y le sonrió. Le besó mientras le ayudaba a bajarse de la mesa del altar y recuperar su ropa. Seguían sin mediar palabra, aunque el brillo de sus ojos lo decía todo.
Salieron de la iglesia, esta vez cogidos de la mano, de vuelta a la moto que seguía al otro lado del muro, testigo silencioso de aquel encuentro. Por la posición del sol sabía que pasado varias horas desde que entraron, pero no sabia ni cuantas ni realmente le importaba. Si en ese momento se hubiera acabado el mundo, le importaría poco; estaba viviendo un sueño, y sabia que era real por el delicioso escozor que sentía en sus pezones.
Iniciaron el camino de vuelta. ¿Y ahora, que pasaría? . Ahí se acababa la historia ? se hizo mil preguntas sin respuesta concreta, aunque solo una de ellas si la tenia. ¿ Quien era él ?
Llegaron al punto inicial donde había empezado toda la historia, la puerta del edificio. Vio a su amiga en la entrada esperándola, se había olvidado por completo de su cita. Se alegró en cierto modo de que estuviera allí, una imagen vale más que mil palabras y esa historia contada, era difícil de creer para cualquiera.
Aparcaron delante de su amiga, y ambos se bajaron de la moto. Ella se quitó el casco ante la sorprendida mirada de su amiga, aunque la alucinada fue ella segundos más tarde cuando oyó que su amiga se dirigía a su acompañante:
-¿Que haces tú aquí ?
Rápidamente le miró. Miró a su amiga. Volvió a mirarle a él, que ya también le miraba a ella con una sonrisa picarona dibujada en sus ojos.
-¿Que haces con mi hermano ?
Creía que se le iba a salir el corazón por la boca. Su él, era el hermano de su amiga. El dueño de la cama en la que tantas veces se lo había montado con su propia hermana. El mismo hermano que en ese momento le confesó que llevaba enamorado de ella desde el día que la vio masturbándose con su mando de la playstation. El mismo que en su adolescencia siempre tenia una cámara grabando hacia su cama para ver si su hermana tocaba sus cosas cuando no estaba en casa, y que un día se encontró con el espectáculo de tener a la mejor amiga de su hermana frente a la cámara teniendo un orgasmo salvaje con ayuda de la consola; él era el hermano que desde aquel día grabó a diario con la esperanza de encontrarse con alguna sorpresa cuando llegara a casa; el mismo hermano que día a día se fue enamorando lentamente de sus gemidos y sus fantasías; el que casi lloró cuando le concedieron la beca en Japón que le mantendría alejado de ella durante diez años; el mismo que durante este tiempo fue planeando el momento que acababan de tener cumpliendo al detalle las fantasías que ella le susurraba sin saberlo en sus grabaciones; el mismo que sabia que le haría la mujer más feliz del mundo; el mismo por el que sabía que por lo menos mañana, no iría a trabajar.
